La ciencia responde: ¿Es adictivo el lúpulo?

¿Es adictivo el lúpulo? Los modernos “hopheads”, esos bebedores de cerveza que alegre y obsesivamente buscan cervezas cada vez más y más lupuladas, no suelen comenzar de esa manera.

La ciencia responde: ¿Es adictivo el lúpulo?

La mayoría de la gente tiene una aversión natural a los compuestos amargos, condición útil para evitar comer dosis letales de veneno en la naturaleza.

Pero no, con el lúpulo se debe trabajar de otra manera. Comience bebiendo cervezas con bajos IBU (International Bitterness Units, unidad de medida de cuán amarga es una cerveza), ya sean ámbar, lager, brown ale o stout.

A continuación, pruebe una pale ale. Luego pruebe muchas pale ale. A continuación, descubra las IPA – y con ellas, obsesiónese con las variedades de lúpulo como Simcoe (aroma a pino) o Amarillo (aroma frutal). Sea feliz con eso por un tiempo.

Tal vez intente con un Double IPA (el doble de lúpulos que una IPA regular), que podría no resultar satisfactoria, dependiendo de quien la pruebe. Comience a amar ser golpeado en la cara con un puñetazo de lúpulos.

Obsesiónense con los grados de amargor IBU. Compre las cervezas más lupuladas que pueda encontrar, aunque en realidad no sepan del todo bien.
 

Entonces ¿Es adictivo el lúpulo?

Ya en 2005, un par de cerveceros con sede en California (Vinnie Cilurzo de Russian River y Matt Brynildson de Firestone Walker) sugirieron una irónica definición para esta pasión por el lúpulo.

Lo llamaron el cambio del umbral lupulino, describiéndolo como “cuando un doble IPA simplemente no es suficiente” (Las glándulas lupulinas en los conos de lúpulo contienen los principales compuestos que eventualmente contribuyen al sabor y amargor de la cerveza).

He visto a muchos bebedores de cerveza preguntar por qué se sienten obligados a buscar cada vez cervezas más lupuladas. ¿Podría ser que sus cerebros y paladares son adictos al lúpulo?

Mientras la escalada del lúpulo – y de las papilas gustativas – va en aumento, ¿Es el lúpulo realmente adictivo?

La respuesta es no. Usted puede reducir el lúpulo de su dieta sin reacciones físicas adversas, al igual que puede hacer lo mismo con el curry o las hamburguesas queso-tocino, o cualquier otro producto alimenticio que ocasionalmente nos produzca antojo.

Los antojos de sabor no son los mismo que la ansiedad de consumir drogas. Aunque investigaciones recientes parecen sugerir que ciertas adicciones “psicológicas” pueden ser más parecidas a las adicciones físicas de lo que se pensó anteriormente, el mecanismo de la adicción a los opiáceos o la nicotina es generalmente muy diferente a nivel molecular.

Veamos, por ejemplo, la nicotina. La molécula de la nicotina se une a los receptores en el cerebro llamados receptores nicotínicos de la acetilcolina. Cuando estos receptores se activan, la dopamina se acumula en ciertas partes del cerebro, lo que directa o indirectamente genera señales de recompensa o expectativa de recompensa.

La recompensa frustrada activa otro camino bioquímico que conduce a los efectos físicos de la abstinencia. El consumo de la sustancia química sofoca la retirada, lo que refuerza la adicción física.

Con algo así como la adicción a la comida (comer en exceso compulsivamente), el evento químico inicial – por ejemplo, la unión de la nicotina a un receptor nicotínico – está ausente. Dicho esto, todavía se dispara un mecanismo de recompensa de dopamina, lo que refuerza el comportamiento. Además, investigaciones recientes muestran que la compulsión – con frecuencia asociada como un sello distintivo de las llamadas adicciones psicológicas – en realidad también desempeña un papel en las adicciones físicas. Así, mientras que sí es posible que se vuelvan adictos al alcohol (presente en la cerveza), nunca llegaran a ser físicamente dependientes de las humulonas.
 


¿Qué está pasando con la escalada del lúpulo?

He visto a algunos científicos sugerir que los culpables son la adaptación sensorial y la habituación. La adaptación se produce cuando nuestra percepción del sabor o el olor se disipan en el transcurso de la exposición a la sensación.

Se produce rápidamente, por lo general en unos pocos minutos, y vuelve a la normalidad sensorial en una hora más o menos. La habituación, por otro lado, significa que por un largo tiempo después de la exposición inicial, la sensibilidad a la sensación sigue disminuida.

La investigación indica, por ejemplo, que la exposición a la capsaicina (componente activo del picante) tiene tanto un elemento de adaptación (el picante en la salsa sólo será desagradable durante unos 15 minutos más o menos), y un elemento de habituación (alrededor de una semana después, la salsa seguirá siendo menos “picante” para el sujeto de la prueba, razón por la que los científicos creen que algunas personas pueden tolerar los alimentos picantes mucho mejor que otros).

He encontrado un poco de investigación sobre la habituación al sabor amargo y la habituación olfativa. Ambos tipos son importantes cuando se trata de lúpulos, ya que “lupulado” es en realidad la mezcla de una experiencia aromática y una experiencia de sabor amargo.

En el caso de la adaptación olfativa y la habituación, los mecanismos de cambio parecen ser bastante diferentes. En un artículo publicado en 2010, por ejemplo, una rápida adaptación se produjo principalmente debido a la adaptación sináptica en la corteza del cerebro.

Con la habituación a largo plazo, por otro lado, se produjeron cambios relacionados en el bulbo olfativo en lugar de en el cerebro.

De todos modos, mientras que no he visto mucha literatura sobre adaptación al amargor de lúpulo y/o habituación al aroma, no me sorprendería que exista un elemento que las conduzca al deseo de beber cervezas de 1.000 IBUs.

 

BeerSci

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