Jesús Briseño Gómez, el hombre tras Cervecería Minerva en México

La historia de la Cervecería Minerva nos remonta a un avión rumbo a Estados Unidos. En él, iba el joven Jesús Briseño Gómez, el ahora dueño de la exitosa empresa tapatía, quien tenía como compañero de asiento a un estadounidense que hacía cerveza en su casa y quien lo inspiró, en cierta forma, a crear la propia.

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Tenía unos 17 años de edad e iba a visitar a una de sus hermanas mayores a la ciudad de Boston. Al llegar, compró libros y kits de elaboración de cerveza para comenzar a experimentar. Interrumpió su carrera de ingeniería electrónica en el Tecnológico de Monterrey durante un semestre para irse a Chicago a estudiar un curso de maestro cervecero y pulir sus conocimientos.

Al estar nuevamente en Guadalajara terminó la universidad se casó, tuvo algunos empleos y después, un poco más experimentado, comenzó a trazar la ruta de la que hoy es una de las cervecerías artesanales más reconocidas de México y que, poco a poco, comienza a tener mayor presencia en el mercado internacional.

Inició con un restaurante en la colonia Providencia llamado “Tierra de Malta”, donde distribuía la cerveza que elaboraba ahí mismo; sin embargo, el proyecto no funcionó y cerró por problemas administrativos. “No era lo mío la operación del restaurante y no se pudo solucionar”, recuerda Jesús Briseño Gómez.

Pudieron terminar sus aspiraciones pero no se dio por vencido y compró una maquinaría que una empresa gringa tenía en liquidación, con la cual podía hacer su cerveza. Así, comenzó a elaborar la cerveza Minerva, la primera marca artesanal que le compitió a las dos grandes: Grupo Modelo y Cuauhtémoc Moctezuma.

Una vez echada a andar la maquinaria, y salidas las primeras cajas de cerveza Minerva, el panorama se ponía en su contra, asegura Jesús Briseño, pues la gente no conocía las cervezas artesanales y los restaurantes tenían contratos de exclusividad con otras cervecerías que no les permitían vender marcas que no fueran las suyas. Durante los primeros cinco años de Minerva la tentación de cerrar la empresa fue constante.
 

¿Cuál fue la clave para que Minerva irrumpiera en el mercado dominado por Cuauhtémoc Moctezuma y Grupo Modelo?

-Tuvimos que haber cerrado porque no teníamos el volumen de venta, pero fue apostarle mucho a la culturización, ir al centro del consumo: explicar por qué nuestra cerveza era diferente. Sí fue difícil que la gente lo aceptara, pero al mismo tiempo fue fácil porque no había otra (cerveza artesanal) éramos la tercera opción. Hoy en día hay cervecerías artesanales que vienen por detrás, pero en ese momento la gente no se imaginaba que pudiera haber otra cerveza. Lo que fue nuestra debilidad también fue nuestra fortaleza.

Gracias a Minerva, presume Jesús Briseño Gómez, hombre de 39 años de edad, los tapatíos pudieron concebir que el panorama cervecero era más amplio de lo que imaginaban, que no todo se reducía a “clara y oscura” y que beber cerveza era un acto casi sagrado. “Buscamos ser un puente, ser la marca con la que muchos consumidores entraran al mundo de la cerveza”. Hoy Minerva produce 20 mil hectolitros al año y se distribuye en países como Japón, Sudáfrica y Canadá.

“Aquí nació la cerveza artesanal de México” reza el eslogan en la fachada de la fábrica. Para ingresar hay que pasar a un lado del bar “La taberna” (donde se puede beber Minerva) y llegar a la caseta de seguridad, registrarse y esperar a que el guardia te indique dónde está el área administrativa de la cervecería.

En la recepción no hay recepcionista ni alguien que diga “hola”. En sus muros blancos cuelgan algunos premios de calidad que recibieron las etiquetas de Minerva: Colonial, Viena, Imperial Stout -la más vendida- y Pale Ale. A los pocos minutos baja por las escaleras Jesús Briseño Gómez, vestido con un pantalón de mezclilla, playera gris de manga larga y unos tenis New Balance en color beige. Da la bienvenida con una sonrisa e invita a que pasemos a una sala de juntas que está a unos cuantos pasos.

Acomodado en su silla, comienza a platicar el génesis de su cervecería y los obstáculos que ha tenido que sortear.

Canto de sirenas

Cervecería Minerva enseñó a los consumidores a ser más conocedores y preocuparse por saborear texturas y aromas de las cervezas que beben. Además, fue pionera en cómo se hacen bien las cosas, asegura Juan Carlos Banda, director comercial de la empresa, quien trabaja al lado de Jesús Briseño Gómez -desde que echó a andar el proyecto- y al que considera un humanista. “Siempre es una persona muy pensante, con muchísimas nuevas ideas, muy innovador”.

“Antes existían contratos de exclusividad que no permitían a los restaurantes la entrada a las cervezas artesanales. Hicimos una demanda por monopolio ante la Comisión Federal de Competencia Económica que duró cuatro años, y a finales de 2014 tuvimos la resolución para que, aunque tuvieran contrato de exclusividad, se pudieran meter otras cervezas, eso abrió un poco el mercado, aunque eso sigue operando, fue una barrera que se derribó”.

El crecimiento de Minerva no sólo acaparó la atención de nuevos cerveceros locales quienes comenzaron a crear su propia marca artesanal, sino de Grupo Modelo que le puso el ojo encima e intentó hacerse de la cervecería en dos ocasiones, propuestas que, acepta Briseño, estuvo tentado en aceptar en una ocasión cuando atravesaba una situación familiar complicada y el dinero no le habría venido nada mal.

Juan Carlos Banda, director comercial de cervecería Minerva dirá después que esos capítulos los bautizaron como el “canto de las sirenas”, una propuesta muy atractiva que casi los tira del barco. “Jesús lo evaluó y en una plática nos comentó: ‘Si vendo la cervecería, ¿qué caso tiene? a mí lo que me gusta es hacer cerveza, con el dinero me pondría a hacer más cerveza’”.

Pero en en la charla con Jesús Briseño Gómez, éste confiesa que lo que determinó para rechazar la oferta de Grupo Modelo, (que le ofrecieron una cifra que prefiere no mencionar) fueron sus tres hijos, quienes lo impulsaron a quedarse con la cervecería.

“La verdad es que ofrecían buena lana, pero decidimos no vender, sobre todo porque es lo que nos gusta hacer. Por ejemplo, mis hijos vienen a ‘trabajar’ seguido, se ponen a armar cajas y se les paga un peso por caja, lo ven como un premio y cuando les dije lo de la venta de Modelo me dijeron ‘¿Por qué lo vas a vender? Ya no vamos a tener dónde trabajar’”.

 

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