Parlamento belga rechaza eliminar la gratuidad de la cerveza para sus diputados

Bélgica ha conseguido que su cerveza sea reconocida en cualquier lugar del mundo. Más de 200 cervecerías producen 1.500 especialidades distintas en este pequeño país que se enorgullece de su producto nacional.

Parlamento belga

Además del cariño de los propios belgas -en estas cuestiones, da lo mismo ser flamenco que valón- y de los amantes de esta bebida en todo el mundo, el reconocimiento oficial llegó a finales de noviembre por parte de la Unesco al declarar el arte cervecero belga como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Una buena medalla que lucir.
 

Provisión parlamentaria gratuita

Tampoco importa cuál es la procedencia de los diputados a la hora de defender el consumo de cerveza dentro del Parlamento belga. Un consumo que no les cuesta un solo céntimo ya que está subvencionado al cien por ciento por las arcas públicas. Y es que la inmensa mayoría de los diputados se han cerrado en banda a la posibilidad de que se les quite este privilegio.

Todo a raíz de un desagradable enfrentamiento entre los diputados Luk van Biesen y Meryame Kitir, que acabó con un insulto racista del primero a su colega de origen marroquí. El presidente de la Cámara, Siegfried Bracke, pidió a un comité que estudiara el hecho y que ofreciera soluciones para que no se volviera a repetir.

Entre las opciones presentadas estaba un endurecimiento del reglamento y la prohibición de que se consuma alcohol en la sede parlamentaria. “Algunos diputados tienden a ser bastante desagradables si han estado bebiendo”, señaló Danny Pieters, el máximo responsable del comité y ex presidente belga.

Después de leer el informe, Bracke decidió consultar a su partido (N-VA, un partido nacionalista flamenco) y tanteó al resto de las fuerzas políticas. Ninguna de las formaciones observó que haya un problema entre los parlamentarios y no apoyaron la necesidad de eliminar esta costumbre implantada a finales del siglo XX.

Con esta medida, el Parlamento belga quería evitar que los diputados se fueran del edifico para tomar cualquier refrigerio, se despistaran y se perdieran alguna votación importante o dejaran las gradas vacías durante un largo debate. Además, se evitaba la imagen de ver a los representantes de los belgas tomar bebidas y no precisamente café. “El control social se hizo más grande”, explicaba Herman de Croo en ‘Nieuwsblad’.

Fue el presidente de la Cámara de Representantes cuando se decidió la gratuidad de las bebidas alcohólicas. Una medida polémica pero que sirvió para atar en corto a los diputados más díscolos.

 

metaljournal.net

 

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