La historia de la primera cervecería real de Guadalajara, España

La primera cervecería real de Guadalajara se construyó bajo demanda de Leonor de Austria, reina de Francia y Portugal, hermana del Emperador Carlos I de España, aunque tras su marcha, sus piedras se utilizaron en la construcción del monasterio de Los Remedios.

La historia de la primera cervecería real de Guadalajara, España

La consulta de una Real Cédula del Rey Felipe II fechada en 1575 e incluida en los registros notariales del Archivo Provincial de Guadalajara ha llevado a su director, Rafael de Lucas, a hilar datos, fechas y documentos que le han permitido descubrir que Guadalajara tuvo su primera cervecera en el siglo XVI.

En plena eclosión actual de la cerveza artesana en España, el más llamativo de esos hallazgos, según ha señalado De Lucas a Efe, es la confirmación, a partir de dicha Real Cédula, de lo que sería uno de los primeros centros de producción de cerveza en España documentados, ordenado construir en 1557 en la capital alcarreña por Leonor de Austria, reina de Francia y Portugal, viuda del rey Francisco I de Francia, hermana del Emperador Carlos I de España y, por tanto, tía del entonces gobernante, el rey Felipe II.

Pero, además, la investigación en torno a la misma ha aportado a De Lucas el conocimiento de un recorrido por el material con el que se construyó, ya que sus paredes se levantaron con piedra de la muralla defensiva de Guadalajara para, posteriormente, y tras su desuso, destinarse en el levantamiento del religioso Monasterio de los Remedios.

Constancias documentadas

Históricamente sólo existe constancia documentada y en situaciones similares, de la cocción y producción cervecera que primero en la Corte -con cerveceros llegados de Flandes- y luego en su retiro en Yuste ordenó para su servicio personal el propio emperador Carlos.

El 11 de mayo de 1557, su hijo Felipe II, ya rey de España, otorgó a Leonor de Austria, “por carta de privilegio”, como señala el director del Archivo, el título de Señora de Guadalajara, lo que, en la práctica, significaba poner bajo su tutela el llamado Señorío de Guadalajara.

Una demanda de Leonor de Austria

Ese mismo año, según indica el historiador Layna Serrano, la Reina traslada su residencia a Guadalajara, junto a su hermana María, reina de Hungría y Bohemia, para vivir en el Palacio del Infantado, lo que implica, por orden directa de Felipe II, que tenga que salir del mismo el Duque del Infantado, como ha recordado De Lucas.

“Y para mantener sus costumbres centroeuropeas”, ha abundando, “Leonor de Austria manda antes a sus aposentadores a Guadalajara”, según señala el historiador Layna Serrano y como se puede corroborar en diversos documentos sitos en el Archivo municipal de la ciudad, para buscar un lugar donde construir una especie de granja real donde se ordeñaran vacas, se cociera cerveza, se produjera manteca y donde trabajasen las lavanderas reales.

Según los hallazgos, esa fábrica o casa de cerveza se construiría en una finca ubicada en el paraje de El Soto, junto a la ribera del río Henares a su paso por Guadalajara y cercana al puente árabe que se eleva sobre el cauce, aunque se desconoce si a uno u otro lado de esta infraestructura.

La construcción de la ‘casa de la cerveza’ y ‘granja real’ no era tarea sencilla, en tanto que en aquella época el material para este fin era caro y, tratándose del destinatario, tampoco podía ser cualquiera, ha asegurado el director del Archivo.

Y según la documentación consultada, ese material -piedra, ladrillo y cal- se tomó, relata, de los restos de la muralla de Guadalajara y, concretamente, de la llamada puerta de Bramante y de la torre del Alcázar Real.

“Ello nos permite constatar dos cosas”, ha señalado De Lucas: “La ubicación exacta de dicha puerta y que ya en 1557 la muralla defensiva se estaba desmantelando”, ya que era de prever que había perdido su otrora utilidad defensiva ante los árabes, expulsados definitivamente de la Península Ibérica varias décadas antes.

El edificio se llegó a construir, pero tuvo poco provecho

La “granja real”, la “casa de la cerveza” y el resto del edificio llegó a construirse -se desconoce si completamente-, según consta en la documentación, si bien la presencia de Leonor de Austria y María de Hungría no se prolongaría en Guadalajara durante demasiado tiempo.

Leonor partió a principios de 1558 para unirse en Badajoz con su hija, la infanta María, muriendo poco después, sin ocasión de regresar a la ciudad alcarreña.

Por ello, y gracias a la Cédula Real de 1575 que da fe de su presencia, las ruinas y piedras que quedaron en El Soto tuvieron un nuevo destino en ese año: su entrega, por orden de Felipe II, al soldado, ya retirado del servicio, Bernardino Duarte, en compensación por sus servicios.

Sin más utilidad que la propia del negocio, el ex-soldado vendió esas piedras a una especie de maestro de obras del obispo Pedro González de Mendoza, que ordenaría destinarlas a la construcción del histórico Monasterio de los Remedios de Guadalajara.

“Toda esa documentación”, así como el tránsito de las piedras -de la muralla a la granja real y de allí al Monasterio de los Remedios-, “permite reconstruir una pequeña parte de la historia de Guadalajara, de 1557 a 1575, tanto en el ámbito social, como real, de patrimonio, de administración de justicia o incluso del sometimiento a su mandato que el Rey ejercía a la nobleza”, asegura De Lucas.

 

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