Octavo Congreso Europeo de Cerveza y Salud

“Puede parecer raro que se hable de los beneficios de la cerveza para la salud”. Con esta frase se anticipaba a cualquier sorpresa la directora del Departamento de Nutrición y Salud Ambiental de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Budapest, Corina-Aurelia Zugravu, presidenta del único simposio científico al que probablemente acudiría voluntariamente Homero Simpson y, con él, los millones de amantes de la cerveza que viven el mundo.

Octavo Congreso Europeo de Cerveza y Salud

Se celebra cada dos o tres años y se llama Simposio Europeo de Cerveza y Salud. En él participan científicos de primer nivel. En esta edición, se han visto en la pantalla de las ponencias los nombres de la Universidad de Harvard o el Hospital Clínic de Barcelona, entre otros. Y muchas revistas científicas.

Porque lo que insisten en decir todos los participantes es que esto se trata de evidencia científica y niegan así a los nutricionistas que afirman en voz alta y clara que no hay consumo seguro de alcohol. Pero el mensaje choca también con el de organismos como la Organización Mundial de la Salud, que lleva años alertando de los peligros del uso nocivo del alcohol.

Pero es precisamente en esa palabra -nocivo- en la que se apoyan los investigadores que participan en el simposio. El consumo de una cerveza al día -en el caso de las mujeres- y dos en el de los varones es, según los datos que se presentaron, no sólo negativa, sino positiva para la salud.
 

Evidencia científica

Los científicos participantes esgrimen estudios publicados en revistas científicas de referencia. Pero las conclusiones de los mismos son llamativas. Por ejemplo, el que dice que si bien el consumo ocasional de alcohol es un indicador de obesidad, el número de bebidas no sólo no está relacionado con un mayor aumento de peso, sino que el nexo es inverso. El trabajo fue publicado en 2013 en Annals of Nutrition and Metabolism. También está este otro que no va tan allá, pero sí cuestiona la creencia establecida. Publicado en Nutrition Reviews y con firma española, asegura que los resultados de analizar 31 estudios realizados al respecto no permiten “afirmar de forma concluyente que existe una asociación positiva entre el consumo de alcohol y la ganancia de peso”.

Otro trabajo presentado en el congreso hablaba de otro curioso efecto de la cerveza. Se trata de un estudio español de la profesora de la Universidad de Alcalá María José González Muñoz, en esta ocasión hecho en ratas y con cerveza sin alcohol. En el mismo se concluye que esta bebida frenaría la progresión del alzhéimer. El trabajo sigue la estela de otros como el publicado por la misma autora en Food and Chemical Toxicology, que afirmaba que la cerveza -esta vez sí con alcohol- reduce la oxidación cerebral causada por la toxicidad del aluminio también en ratas.

Uno de los trabajos más nombrados es ya todo un clásico en este campo. Se trata del metanaálisis publicado por Castelnuovo en 2002 en Circulation, que concluía que el consumo de vino y de cerveza -este último de forma menos significativa- se relacionaba con un menor riesgo cardiovascular. En 2007, se repitió con un trabajo llevado a cabo en seis países mediterráneos, el estudio MEDIS.

Consumo de alcohol

El simposio se inició con un mensaje claro por parte del comité científico. En ningún caso se iba a animar a nadie que no lo hiciera ya a consumir cerveza. Pero la evidencia científica presentada a continuación no cesaba de relatar los beneficios de un consumo moderado de alcohol para diferentes aspectos de la salud.

Ramón Estruch, consultor senior del Hospital Clínic de Barcelona y autor principal de uno de los principales estudios sobre nutrición, el PREDIMED-cuyas conclusiones han sido publicadas en, entre otras revistas, The New England Journal of Medicine- aprovechó este simposio para adelantar nuevos datos del estudio que demuestran que ni siquiera el consumo moderado-alto de alcohol influía negativamente en la salud si se combinaba con la dieta mediterránea.

El investigador explica que hay una cierta corrección política a la hora de no recomendar la ingesta moderada de bebidas como la cerveza o el vino. “La evidencia científica es abundante”, reitera. Para Estruch es muy importante hacer hincapié en la cantidad y en cómo se debe acompañar dicho consumo que, por ejemplo, es más dañino si no va acompañado por comida.

Financiamiento

En un congreso de cerveza y salud organizado por una asociación de fabricantes de esta bebida era lógico preguntar por el efecto de la financiación en la investigación sobre estos aspectos. Un portavoz de Cerveceros de España explica a este diario que ellos financian este tipo de congresos, pero que no se meten en las investigaciones que en él se presentan.

En el mismo sentido se expresó Luc Djoussé, investigador de la Universidad de Harvard. “El que queda por escrito es nuestro nombre; los financiadores pueden requerir los datos de los estudios y dárselos a sus estadistas, pero no influyen en nuestro trabajo que, antes de ser publicado, se revisa por pares con los sistemas habituales de evidencia científica”, contestó a este periódico.

Por su parte, Demosthenes Panagiotakos de la Universidad Harokopio de Atenas, señaló que el porcentaje de estudios financiados por las cerveceras sobre los efectos de la cerveza sobre la salud es “mucho menor” que el de trabajos sobre fármacos financiados por farmacéuticas.

Estruch fue mucho más concreto: “Yo no he cobrado por venir aquí. Sí que se me paga cuando doy alguna conferencia o ponencia, como en muchos otros sectores; desde luego es una cantidad que no es para comprar a nadie”. Para el investigador catalán, lo que sí hace la industria es ayudar a difundir los resultados de los científicos en este campo, algo que se agradece.

Porque en lo que sí parecen estar de acuerdo hasta los detractores del más mínimo consumo de alcohol sea del tipo que sea es que hay que investigar más sobre el asunto. Uno de los ponentes, el director del Instituto Neurológico Mediterráneo, Giovanni de Gaetano, lo dejó muy claro en su última diapositiva.

 

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