Las aguas de residuo de elaborar cerveza podrían utilizarse para construir celdas de baterías

Lo que en un sitio es residuo, en otro es materia prima. Este es el principio bajo el que funciona el reciclaje, aunque muchas veces lo perdemos de vista.
 
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Aguas de residuo

Y el caso de una tecnología reciente, descrita en este artículo, hace precisamente eso: utiliza las “aguas residuales” de elaborar cerveza para crear celdas de baterías para acumular energía. Una situación en la que todo el mundo gana.

Los primeros que ganan son las cerveceras. En Estados Unidos por ejemplo, es un sector industrial muy asentado y potente. Y que genera muchos residuos líquidos, pero no pueden simplemente “tirarlos por el desagüe”. La depuración, al menos los primeros pasos – por ejemplo, el filtrado – la tienen que pagar.

Al mismo tiempo, la industria de las baterías necesita celdas para fabricar sus productos. Y en muchos casos estas celdas provienen de procesos biológicos, a los que se “rediseña” para que den el resultado esperado.

El primer paso para crear las celdas consiste en que algunos microorganismos, generalmente hongos de la especie Neurospora crassa, transformen biomasa en estructuras útiles. El factor limitante – que reduce la cantidad de baterías que se pueden fabricar, y que encarece el proceso – es encontrar la biomasa.
 


 
Si ponemos el segundo proceso justo después del primero, tenemos la solución. Porque con pequeñas modificaciones – esencialmente, adición de algunas sustancias – las “aguas residuales” de elaborar cerveza sirven como biomasa para el hongo Neurospora. Solución elegante, que reduce costes en ambos lugares.

La duda que nos puede surgir es si realmente es útil y rentable. Porque está muy bien poner en marcha una nueva tecnología que “limpie” residuos y además dé un producto aprovechable, pero si no se genera suficiente biomasa, igual es más caro que dejar las cosas como están.

De nuevo, hay que recordar que en muchos países la producción de cerveza es muy elevada. Y la cantidad de residuos también lo es. Depende mucho del tipo de cerveza que se fermente y del proceso que se lleve a cabo. Pero para hacernos una idea, la media está en siete barriles de “aguas residuales” por cada barril de cerveza. Una cantidad importante, que permite que el proceso sea rentable.

De momento, esta nueva técnica no está extendida. Todavía faltan pruebas para optimizarla, y sacarle a los residuos de la cerveza todo el provecho. Pero es, sin duda, un paso en a buena dirección y un ejemplo de reciclaje interesante.

 

es.noticias.yahoo.com



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