Esta técnica permite proteger a las bacterias probióticas de las condiciones extremas del sistema digestivo, como el pH gástrico y las sales biliares, asegurando que lleguen viables al colon.
El estudio informa que este subproducto de la elaboración de cerveza puede modular la respuesta inmune de células epiteliales intestinales de trucha arcoíris y reducir hasta en un 45% el daño celular inducido por P. salmonis.