Se trata de dos reacciones químicas responsables de gran parte de la magia que ocurre en el dorado del pan, el color de la carne a la parrilla, la apariencia de una cerveza, el aroma del café recién tostado o el sabor profundo de una cebolla caramelizada.
Desde la selección de los ingredientes hasta la fermentación final, la química es esencial para comprender cómo se desarrollan los sabores y aromas, permitiendo a los cerveceros ajustar el proceso para obtener resultados específicos.