Las cervezas Pumpkin Ale (cervezas de calabaza) son productos desarrollados a partir de la colonización del continente norteamericano, como parte del descubrimiento de nuevas frutas y hortalizas, entre las que se encontraba la calabaza.

Calabazas
Historia de las cervezas Pumpkin Ale

Hoy en día, la calabaza, específicamente la variedad Cucurbita pepo, no solo es un símbolo otoñal, sino un ingrediente versátil que ha trascendido la cocina para convertirse en un pilar estacional en la industria cervecera artesanal, especialmente en Estados Unidos y Canadá.

El uso de la calabaza era esencial en esa época dentro de los alimentos disponibles por los habitantes nativos durante el invierno, quienes secaban su carne en lonchas para conservarla.

El nacimiento de las cervezas Pumpkin Ale

Estos primeros europeos emigrados comenzaron a utilizar calabaza para obtener los azúcares y almidones necesarios para fermentar cerveza ante la ausencia de importación y cultivo de cebada para maltear.

A diferencia de la cebada, rica en almidón fermentable, la calabaza contiene principalmente azúcares simples y fibra, lo que exigía técnicas de maceración adaptadas o la adición de enzimas para convertir sus carbohidratos en fermentables.

Esto hacía que las primeras Pumpkin Ales fueran cervezas más ligeras, con bajo cuerpo y bajo alcohol, pero funcionales en contextos de escasez.

Las Pumpkin Ale entonces son cervezas que originalmente fueron elaboradas por necesidad, como cervezas de temporada, muchísimo antes de convertirse en un producto comercial de temporada.

Estas primeras elaboraciones de Pumpkin Ale ya eran descritas en una canción del folclore americano en 1643 y es sabido que personalidades como George Washington, Benjamín Franklin y Thomas Jefferson también incluyeron este ingrediente en sus recetas.

De hecho, en los cuadernos de recetas de George Washington se conserva una fórmula manuscrita titulada “To Make Small Beer”, en la que incluye calabaza cocida junto con melaza y lúpulo silvestre.

Receta de George Washington
Receta de George Washington

Esta receta, aunque rudimentaria, refleja cómo la cerveza casera era parte integral de la vida cotidiana colonial, incluso entre las élites.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX eran habituales en la fabricación de cerveza y bebidas espirituosas los nabos, las melazas, las manzanas, el maíz y las calabazas, que eran los víveres más comunes en América del Norte.

A comienzos del siglo XX, en los bares se pedía el Flip, un combinado de ron, Pumpkin Ale, azúcar morena y calabaza seca, en el que se sumergía un agitador de hierro incandescente para caramelizar los azúcares no fermentables, a la vez que hacía espuma y le daba a la bebida un sabor quemado y amargo.

Este ritual, conocido como “loggerhead”, no solo aportaba sabor, sino que también servía como espectáculo social en las tabernas.

El Flip era tan popular que aparece en obras literarias de la época, como las de Charles Dickens y se consideraba una bebida de invierno por su calidez y densidad.

El renacimiento de cervezas de calabaza

Tras el fin de la Ley Seca en Estados Unidos, con una agricultura más desarrollada, prevalecieron las cervezas tipo lager de estilo alemán y bohemia, elaboradas con lúpulo y cereales, no siempre malteados.

Hasta que en los años ochenta, con el renacimiento de la cerveza artesanal, el propietario de la Buffalo Bill’s Brewery de California, William Owens, encontró una receta formulada por George Washington en la que se usaba pulpa de calabaza en el macerado.

Bill Owens en su granja de calabazas
Bill Owens

Owens, que también era agricultor, machacó una de sus calabazas gigantes y la maceró con los ingredientes de una Amber Ale común, pero todo terminó en desilusión al descubrir que el sabor de la calabaza no estaba presente en el producto final fermentado y carbonatado.

Este hallazgo reveló una verdad técnica clave y es que la calabaza aporta muy pocos compuestos aromáticos volátiles que sobrevivan al proceso de ebullición y fermentación.

Por eso, incluso hoy, muchas cervecerías optan por añadir puré de calabaza únicamente por su valor simbólico o nutricional (azúcares fermentables), mientras que el perfil de sabor lo definen las especias.

Decidió entonces elaborar otro lote, esta vez usando solo las especias con las que se condimenta habitualmente la tarta de calabaza. Nacía así la primera Pumpkin Ale moderna.

En ocasiones tienen un sabor muy dulce y empalagoso, pero existen cervezas en las que las especias dan equilibrio y armonía a los sabores, dejando notas de caramelo, melaza, avellana e incluso terreas.

Los cerveceros contemporáneos han refinado esta fórmula: algunos usan especias enteras en el hervor para extraer aceites esenciales sin amargor excesivo; otros las añaden en frío (dry spicing) para preservar matices frescos.

También hay quienes combinan calabaza asada (no cruda) para aportar notas tostadas y ahumadas sutiles, evitando el sabor acuoso.

Ejemplos de Pumpkin Ale

Algunas de las Pumpkin Ales mejor valoradas son: Brooklyn Brewery’s Post Road, Dogfish Head Craft Brewery’s Punkin Ale, Carolina Beer Company’s Cottonwood, Shipyard’s Pumpkinhead Ale y Pugsley’s Signature Series Smashed Pumpkin, Schlafly’s Pumpkin Ale y Smuttynose Brewing Company’s Pumpkin Ale.

Dogfish Head, por ejemplo, utiliza 50 libras de calabaza asada por barril y añade especias en tres etapas distintas del proceso, logrando una cerveza compleja con 7% ABV y un equilibrio entre dulzor y especiado.

Shipyard, en cambio, ha sido criticada por su enfoque más comercial, con un perfil muy dulce que prioriza la accesibilidad sobre la complejidad.

En los últimos años han ido surgiendo nuevas recetas, incluso fuera del continente norteamericano, en las que se usan desde purés de calabaza hasta saborizantes artificiales, acompañados de avellana, canela, clavo, jengibre o pimienta de Jamaica.

En Europa, cervecerías como Mikkeller (Dinamarca) y BrewDog (Escocia) han lanzado versiones experimentales con calabaza ahumada o infusionadas con bourbon, mientras que en Latinoamérica, algunas marcas en Chile y México han explorado ediciones limitadas para el otoño boreal, adaptando el concepto a paladares locales.

Son cervezas que oscilan entre 4% y 7% ABV y no siempre se emplean levaduras ale, como para la Lakefront Pumpkin Lager.

Pumpkin ale como cerveza de Halloween

Otras cerveceras también la combinan con otros estilos, como es el caso de Four Peaks Pumpkin Porter, Cape Ann Brewing Company’s Fisherman’s Pumpkin Stout o Timmermans Pumpkin Lambicus, una de las primeras elaboradas en Europa, tan solo unos años atrás.

El Pumpkin Lambicus de Timmermans es particularmente interesante porque fusiona la tradición belga de fermentación espontánea con el simbolismo americano de la calabaza, creando una cerveza ácida, frutal y especiada que desafía las expectativas del estilo clásico.

Es evidente que la popularidad de estas cervezas se ve acrecentada por el día de Pumpkin Chunkin y de Halloween, festividades originadas en Norteamérica en las que el fotogénico fruto naranja es el protagonista.

En estos días es tradicional la comida y bebida a base de calabaza, así como vaciarlas para hacer linternas con ellas o lanzarlas con una catapulta para que se rompan. Pero cómo llegó la calabaza a convertirse en el símbolo de estas celebraciones es otra historia.

¿Cómo servir y maridar una Pumpkin Ale?

La pumpkin ale generalmente se sirve en un vaso de pinta americano (shaker) o un cáliz de boca ancha a una temperatura de entre 7 y 10°C para liberar sus complejos aromas especiados.

En cuanto al maridaje, sus notas dulces y especiadas combinan perfectamente con postres de otoño como el pastel de calabaza, tarta de manzana o postres a base de caramelo.

También marida bien con carnes asadas (pavo o cerdo), quesos curados y platos de curry suaves, donde las especias de la cerveza complementan a las de la comida.

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Autor Carlos Uhart M.

Fundador y director de The Beer Times™. Certified Beer Server Cicerone©, juez BJCP y sommelier de cerveza. Autor de "Guía Práctica para Catar Cerveza", "Cocina y Coctelería con Cerveza" y otros cuatro libros sobre maridaje y cultura cervecera.