Canadá lleva más de un año demostrando lo que pasa cuando un aliado deja de sentirse seguro junto a Estados Unidos. Un consumidor que deja de comprar cerveza estadounidense en el supermercado puede pesar tanto como un arancel de gobierno.

El conflicto empezó el 1 de febrero de 2025, el día en que Donald Trump amenazó con anexar a Canadá y aplicó aranceles casi universales a las exportaciones canadienses hacia Estados Unidos. Un presidente amenazando la soberanía de un país vecino y aliado histórico no es una anécdota de campaña.
Es la clase de señal que cualquier gobierno del mundo debería tomarse en serio, y los propios canadienses la tomaron así. Encuestas citadas por medios locales muestran que el 91% quiere que su país dependa menos de Estados Unidos, y el 59% dice estar boicoteando activamente productos estadounidenses.
Un aliado tratado como amenaza
Trump no se limitó a subir aranceles. Amenazó con anexar territorio de un país con el que Estados Unidos comparte la frontera más larga del mundo, y después escaló con aranceles del 50% sobre 28.000 millones de dólares en bienes canadienses.
Canadá respondió con aranceles espejo, dólar por dólar. Ese patrón, amenaza territorial más castigo comercial arbitrario, es exactamente lo que convierte a un presidente en un riesgo para cualquier país, aliado o no.
Si Estados Unidos trata así a Canadá, que lleva décadas siendo uno de sus socios comerciales más cercanos, ningún otro país debería asumir que está a salvo de recibir el mismo trato.
El boicot canadiense en números
Todas las provincias canadienses, menos Alberta y Saskatchewan, retiraron el licor, el vino y la cerveza estadounidenses de sus tiendas gubernamentales en la primavera de 2025.
LCBO en Ontario y BC Liquor Store en Columbia Británica dejaron de vender esas botellas. Manitoba y Nueva Escocia liquidaron el inventario que ya tenían y donaron las ganancias a caridad, un gesto que deja claro que esto no fue un tema de logística, sino una decisión política de consumo.
El resultado se ve en el comercio real. Las importaciones canadienses de cerveza estadounidense cayeron de US$46,7 millones a US$16,7 millones en un año, una caída de más del 60%.
El vino estadounidense sufrió aún más, de US$446,5 millones a US$103,7 millones, mientras las ventas de vinos locales en Ontario subieron 79%.
Un grupo de Facebook llamado Buy Canadian pasó el millón doscientos mil miembros en marzo de 2025, y aplicaciones como Maple Scan o Shop Canadian nacieron solo para ayudar a la gente a identificar qué productos son realmente canadienses.
La cerveza ya estaba en la línea de fuego.
El boicot no nació de la nada en la góndola de cerveza. La propia industria cervecera estadounidense venía golpeada por los aranceles de Trump al acero y al aluminio, insumos básicos para cualquier lata, como ya documentó The Beer Times.
Cuando la Corte Suprema de Estados Unidos anuló parte de esos aranceles, se habló de un respiro para las cervecerías locales, pero ese respiro nunca llegó al otro lado de la frontera, donde el consumidor canadiense ya había decidido no esperar a que los tribunales resolvieran nada por él.
Elijamos productos y servicios canadienses.
Esa frase, del primer ministro Justin Trudeau el mismo 1 de febrero de 2025, se convirtió en el eslogan no oficial del movimiento. Días después, la ministra de Relaciones Exteriores Melanie Joly sugirió directamente evitar viajes a Estados Unidos.
Ninguno de los dos obligó a nadie a nada. El 85% de los canadienses que reemplazó productos estadounidenses lo hizo por decisión propia, no por decreto.
¿Por qué el resto del mundo debería hacer lo mismo?
Un arancel lo decide un gobierno y otro gobierno lo puede revertir en una corte, en una negociación o en una elección. Una amenaza de anexión no se revierte tan fácil, y ese es el verdadero problema de fondo.
Canadá acaba de mostrar, con cifras y no con consignas, que millones de decisiones pequeñas en el supermercado suman más presión real que cualquier comunicado diplomático frente a un gobierno que ya demostró estar dispuesto a usar el comercio como arma contra un aliado.
Si un país vecino y aliado histórico de Estados Unidos logró tumbar un 60% de las importaciones de cerveza en doce meses, cualquier otro mercado que hoy dependa de marcas estadounidenses tiene la misma palanca disponible, y probablemente la misma razón para usarla.
No hace falta recibir una amenaza de anexión propia para actuar. Basta con ver qué le pasó a un vecino cercano para entender que la dependencia comercial de Estados Unidos hoy es un riesgo político, no solo económico.
Elegir cerveza local no es solo un gesto simbólico. Es reducir la exposición a un gobierno que ya mostró que puede convertir un vínculo comercial en un arma sin previo aviso.
No se trata solo de cerveza.
Lo más revelador del caso canadiense es que empezó en la nevera y terminó reordenando toda una canasta de consumo, de Netflix a Tesla. La cerveza fue apenas el símbolo más visible porque es el producto que más gente compra cada semana sin pensarlo dos veces. Ese es exactamente el motivo por el que otros mercados deberían mirar el ejemplo con atención antes de que les toque a ellos.
El cambio no requiere una gran decisión única, requiere millones de decisiones pequeñas y repetidas, y esas son las que un consumidor sí controla, incluso cuando un presidente decide que un aliado es de repente un blanco.
Preguntas frecuentes (FAQ)
1. ¿Qué desató el boicot canadiense a productos estadounidenses?
Las amenazas de Donald Trump de anexar Canadá y la aplicación de aranceles casi universales a las exportaciones canadienses, a partir del 1 de febrero de 2025.
2. ¿Cuánto cayeron las importaciones de cerveza estadounidense en Canadá?
De US$46,7 millones a US$16,7 millones en un año, una caída superior al 60%.
3. ¿Qué provincias retiraron alcohol estadounidense de sus tiendas?
Todas menos Alberta y Saskatchewan. Manitoba y Nueva Escocia liquidaron su inventario existente y donaron las ganancias a la caridad.
4. ¿Qué porcentaje de canadienses participa en el boicot?
El 59% dice boicotear activamente productos estadounidenses, y el 91% quiere que Canadá dependa menos de Estados Unidos.
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