La concesión en 2016 de tres patentes de cebada para las dos gigantes empresas cerveceras Carlsberg y Heineken ha provocado la indignación de organizaciones ecologistas y de asociaciones agrícolas europeas.
La primera cerveza de Europa debió parecerse muy poco a las cervezas actuales, algo más parecido a una sopa caliente y fermentada en la que se mezclaban cereales y frutos para favorecer la aparición y la acción de la levadura.
Los cereales son la base de la alimentación en prácticamente todas las civilizaciones del mundo: el trigo en Europa, el arroz en Asia y Oceanía y el maíz en América dan de comer a millones de personas.
El descubrimiento de una botella de cerveza de hace 220 años recuperada del Sydney Cove, hundido en aguas australianas cercanas a Tasmania, ha inspirado la creatividad de un equipo de investigadores.
Troels Prahl, cervecero y microbiólogo del distribuidor de levaduras White Labs, se sienta en el bar de degustación del laboratorio en compañía de cuatro medias pintas y describe cada una entre sorbos pensativos.