Una tablilla de arcilla del período Ur III descifrada en Copenhague registra más de 120 litros de cerveza distribuidos en dos días en la antigua Mesopotamia, distinguiendo entre cerveza buena y cerveza ordinaria.
La Vienna Lager nació combinando técnicas de malteado británico con fermentación en frío bávara; fue desplazada por la Pilsner checa, pero sobrevivió gracias a los inmigrantes austriacos que llegaron a México en el siglo XIX.
¿Qué hace que una ciudad de poco más de 170.000 habitantes en el sur de Chile reclame el título de capital cervecera del sur del mundo sin que nadie de la región le discuta seriamente la etiqueta?
La historia del jigger constituye el eje fundamental sobre el cual se construyó la profesionalización de la mixología moderna, transformando un oficio basado en la intuición empírica en una disciplina técnica exacta.
El vínculo entre fe y fermentación no es accidental; ha producido algunas de las tradiciones más rigurosas y algunos de los negocios más rentables del mercado de bebidas alcohólicas.
El maíz se fermentaba en América milenios antes de la llegada de la cebada europea; condenado luego por el movimiento craft estadounidense bajo un dogma de pureza importado, hoy se reivindica como ingrediente de terroir.
En 1976, La Zaragozana lanzó Ambar SIN, la primera cerveza sin alcohol de España. Cincuenta años después, el país lidera el consumo europeo con un 14% del mercado. La historia del inventor, el color azul y el camino de 4.000 botelines al estrellato.
La historia de la ciencia está llena de personajes que trabajaron en la sombras, lejos de los focos académicos, pero cuyas contribuciones terminaron transformando disciplinas enteras. William Sealy Gosset es uno de esos casos.
A principios del siglo XVIII, Londres no era la capital refinada que la literatura victoriana sugeriría más tarde; era una metrópoli en pleno crecimiento, hacinada y hambrienta, escenario de lo que los historiadores llaman «la locura del gin».
Los Misterios de Eleusis eran celebraciones anuales que tenían lugar en otoño, aproximadamente a veinte kilómetros al oeste de Atenas, en un santuario dedicado a las diosas Deméter y Perséfone.
Jan Baptista van Helmont, un médico y místico flamenco del siglo XVII, no solo desafió los dogmas de la Inquisición española, sino que fue el primer científico en identificar el dióxido de carbono (CO₂) como una sustancia distinta del aire común.
Esta versión, especialmente la que se producía en los años 1970–1990, se convirtió en la última superviviente comercial directa del linaje original de las Imperial Stouts de Londres del siglo XVIII.