Hace unos años, la revista National Geographic publicó un artículo dedicado a la «teoría del mono borracho», en donde intentan explicar la función que ha tenido el alcohol en la historia de la humanidad.

La evolución del hombre y la teoría del "mono borracho"
La teoría del «mono borracho»

Su autor concluye que el consumo del alcohol jugó uno de los papeles clave en el nacimiento de las civilizaciones y que además resultaría esencial para nuestra evolución.

El ser humano, al parecer, se ha estado emborrachando desde hace poco más de 9.000 años, aunque la evidencia más reciente sugiere que esta práctica podría ser incluso más antigua de lo que se creía.

El progreso no era tan inevitable como solemos pensar ahora, ya que al bajar de los árboles, nuestros ancestros primates se hicieron más accesibles para los depredadores. Además, los hallazgos arqueológicos han demostrado que la transición a la agricultura socavó la salud de los humanos.

Los primeros agricultores experimentaron un aumento en enfermedades infecciosas, problemas dentales y desnutrición en comparación con sus antepasados cazadores-recolectores. ¿Por qué entonces pudimos evolucionar?

Es probable que fuera el alcohol quien lo haya hecho posible, proporcionando no solo calorías adicionales, sino también un medio más seguro de hidratación en un mundo donde el agua potable era escasa.

La teoría del mono borracho

En 2014, Robert Dudley, de la Universidad de California en Berkeley, publicó su libro ‘El mono borracho. ¿Por qué bebemos y abusamos del alcohol?‘, en el que proponía una novedosa teoría que desafiaría la concepción tradicional sobre nuestra relación con el etanol.

Según esta teoría, el consumo de etanol producido por la fermentación natural de las frutas pudo suponer una ventaja evolutiva significativa para nuestros ancestros primates. Esta idea no surgió de la nada, sino que se basa en observaciones del comportamiento animal moderno.

Los elefantes, por ejemplo, son conocidos por buscar activamente frutas fermentadas, y ciertos pájaros muestran preferencia por bayas que han comenzado el proceso de fermentación.

Robert Dudley
Robert Dudley

Para nuestros ancestros primates, las frutas fermentadas presentaban tres ventajas fundamentales. Su fuerte olor las hacía más fáciles de localizar a distancia, proporcionaban más calorías que las frutas frescas debido al proceso de fermentación y tenían una función antiséptica natural gracias al contenido de etanol.

Por eso, algunos monos empezaron a consumir frutas pasadas que caían al suelo y como resultado, empezaron a bajar de los árboles, indica Dudley. Este comportamiento representó un cambio significativo en los patrones de alimentación y movilidad de nuestros ancestros.

Esto no quiere decir que nuestros ancestros se convirtieran en alcohólicos. Un primate completamente borracho se hubiera convertido en una víctima fácil para los depredadores, lo que habría sido contraproducente desde el punto de vista evolutivo.

Las frutas fermentadas no contenían el volumen de alcohol suficiente para que los monos se embriagaran significativamente.

Además, una mutación genética crucial que experimentaron hace aproximadamente 10 millones de años les capacitó para digerir el etanol 40 veces más rápido que sus antepasados.

Esta mutación, específicamente en el gen ADH4 que codifica la enzima alcohol deshidrogenasa, fue un punto de inflexión evolutivo.

Los investigadores que secuenciaron el genoma de nuestros ancestros primates descubrieron que esta variante genética apareció precisamente cuando nuestros antepasados comenzaron a pasar más tiempo en el suelo, donde tenían mayor acceso a frutas fermentadas.

La capacidad de metabolizar el etanol eficientemente no solo permitía consumir estas frutas sin intoxicarse, sino que convertía al alcohol en una fuente adicional de energía y calorías.

Andrew Curry, autor del artículo de National Geographic, señala que esta adaptación genética representa un claro ejemplo de coevolución entre humanos y microorganismos.

Las levaduras que causan la fermentación producían etanol como mecanismo de defensa contra bacterias competidoras, y nuestros ancestros aprendieron a aprovechar este subproducto para su beneficio nutricional.

Pan o cerveza: ¿Qué fue primero?

Hasta ahora ha dominado la opinión según la cual la cerveza apareció como un subproducto del pan.

La narrativa tradicional sostenía que los humanos primero aprendieron a cultivar cereales para alimentación, y que accidentalmente descubrieron que las mezclas de grano y agua podían fermentar.

Sin embargo, Martin Zarnkow, profesor de la Universidad Técnica de Múnich (TUM) especializado en la historia de la cerveza, tiene dudas sobre esta cronología.

Pan de cebada
Granos y pan de cebada

Su opinión se basa en los hallazgos producidos en Göbekli Tepe, un antiguo santuario situado en el sur de Turquía con una edad estimada de 11.600 años.

Este sitio arqueológico ha revolucionado nuestra comprensión del Neolítico porque demuestra que las sociedades cazadoras-recolectoras podían construir estructuras monumentales complejas antes del desarrollo de la agricultura a gran escala.

En 2012, encontraron allí en una primitiva cocina unas grandes pilas de piedra con rastros de oxalato, una sustancia que se produce durante la fermentación del grano en alcohol.

Estas pilas, con capacidad para cientos de litros, sugieren que la producción de cerveza se realizaba a escala considerable, posiblemente para alimentar a los trabajadores que construían el santuario o para ceremonias rituales.

Este descubrimiento es particularmente significativo porque Göbekli Tepe no era un asentamiento permanente, sino un centro ceremonial.

La presencia de instalaciones para producir cerveza en grandes cantidades indica que las bebidas fermentadas estaban integradas en prácticas sociales y religiosas desde los albores de la civilización.

Por otro lado, Patrick McGovern, un arqueólogo de la Universidad de Pensilvania, presentó en 2004 una investigación que revelaba que unos análisis químicos habían probado que los chinos ya producían bebidas alcohólicas hace 9.000 años en el sitio de Jiahu.

Los residuos encontrados en vasijas de cerámica mostraban una combinación de arroz, miel y frutas que fermentaban juntas, creando una bebida compleja que McGovern describió como un «vino de arroz primitivo».

Es por todo ello que el arqueólogo está convencido de que la cerveza apareció antes que el pan. La lógica detrás de esta teoría es persuasiva. La fermentación no requiere tecnología sofisticada ni horno, solo recipientes, agua y tiempo.

Además, la cerveza proporcionaba beneficios nutricionales inmediatos que el pan no ofrecía, incluyendo vitaminas del grupo B, aminoácidos esenciales y una fuente segura de hidratación.

De acuerdo con el estudio, el progreso y la evolución de la especie humana estarían fuertemente ligados al consumo de alcohol. Es más, parece que la cultura, la agricultura y la religión nacieron a partir de ritos en torno al consumo de bebidas fermentadas.

La necesidad de producir cerveza de manera consistente habría impulsado la domesticación de cereales, estableciendo así las bases de la agricultura sedentaria.

No se encontraron productos.

Homo imbibens como especie

McGovern da tanta importancia al papel del alcohol en la evolución humana que incluso ha acuñado el término ‘Homo imbibens’ (‘hombre bebedor’) para describir nuestra especie.

Según él, el deseo de producir más bebidas alcohólicas estimuló a los humanos a dedicarse a la agricultura, una teoría que invierte la causalidad tradicional.

No domesticamos plantas para comer, sino para beber, y el pan fue una consecuencia secundaria de la producción cervecera. Según su teoría, los primeros humanos trataron de fermentar cualquier planta que contuviera azúcar disponible en su entorno.

En las regiones que carecían de frutas o granos, como Asia Central, fermentaban la leche de los caballos, apareciendo así la bebida conocida como ‘kumis’. Esta diversidad de materias primas fermentables demuestra la universalidad del impulso humano hacia la producción de alcohol.

La evolución del hombre y la teoría del mono borracho
Homo imbibens

En Mesoamérica, las civilizaciones precolombinas desarrollaron el pulque a partir del agave, mientras que en África se fermentaba mijo y sorgo.

Cada cultura encontró su propia solución al desafío de producir bebidas alcohólicas, lo que sugiere que el impulso hacia la fermentación es verdaderamente universal en nuestra especie.

No obstante, ¿para qué necesitaba el alcohol la humanidad? La respuesta tiene múltiples capas. A nivel neuroquímico, el etanol contribuye a la liberación de serotonina, dopamina y endorfinas en nuestro cerebro, recuerda Curry.

Estos neurotransmisores nos hacen más felices, nos relajan y reducen la ansiedad. Esa es la razón principal por la cual lo consumimos hoy en día.

Pero para nuestros ancestros tenía muchas más ventajas prácticas. La primera de ellas, como ya hemos señalado, es que cumplía una función antiséptica fundamental.

En un mundo sin sistemas de saneamiento, con frecuencia era más seguro beber alcohol diluido que agua misma, ya que el etanol mataba patógenos peligrosos.

Además, el proceso de fermentación produce varias vitaminas B (ácido fólico, niacina, tiamina y riboflavina) que eran esenciales en dietas basadas principalmente en cereales.

Por estas razones, las bebidas alcohólicas se consumían con mucha frecuencia en la antigüedad, declara el autor. Sin ir más lejos, el Antiguo Egipto tenía cervecerías a nivel industrial que, por ejemplo, se usaban para abastecer a los trabajadores que construían las pirámides.

Los registros históricos indican que estos trabajadores recibían raciones diarias de cerveza como parte de su compensación, no solo como bebida, sino como alimento nutritivo.

Los miembros de la familia real egipcia eran enterrados con sus cervecerías en miniatura para que pudieran disfrutar de ellas en el más allá, lo que demuestra la importancia cultural y espiritual de esta bebida.

En Mesopotamia, la diosa Ninkasi era la patrona de la cerveza, y se le dedicó un himno que contiene la receta más antigua conocida de producción cervecera, escrita alrededor del 1800 a.C.

McGovern cree que los beneficios nutricionales de las bebidas alcohólicas y sus efectos cerebrales hicieron posible la aparición de la escritura, las artes y el lenguaje.

El alcohol, al reducir las inhibiciones y promover la socialización, habría facilitado la cooperación en grupos más grandes, creando las condiciones para el desarrollo de estructuras sociales complejas.

Algunos historiadores piensan que las bebidas fermentadas hicieron posible la existencia de la civilización en Mesopotamia, aportando a los primeros habitantes que se instalaron allí las vitaminas que faltaban en su pobre dieta.

La transición de sociedades nómadas a asentamientos permanentes habría sido imposible sin una fuente segura de nutrición e hidratación, y la cerveza cumplía ambos roles simultáneamente.

El alcohol como catalizador social

Más allá de sus beneficios nutricionales, el alcohol ha desempeñado un papel fundamental en la cohesión social humana.

Los antropólogos han observado que las sociedades que consumen bebidas fermentadas tienden a desarrollar estructuras sociales más complejas y redes de cooperación más amplias.

Los banquetes compartidos, las ceremonias rituales y las celebraciones comunitarias giran en torno al consumo de alcohol, fortaleciendo los lazos sociales y facilitando la resolución de conflictos.

En la antigua Grecia, el simposio era una institución social donde los ciudadanos se reunían para beber, filosofar y debatir asuntos políticos. Aunque el consumo estaba regulado y mezclado con agua, estos eventos eran fundamentales para la vida democrática ateniense.

De manera similar, en la Europa medieval, las tabernas y cervecerías funcionaban como centros de la vida comunitaria donde se intercambiaban noticias, se cerraban tratos comerciales y se fortalecían las relaciones vecinales.

El alcohol también ha estado intrínsecamente ligado al desarrollo religioso. Muchas de las principales religiones del mundo incorporan bebidas fermentadas en sus rituales.

El vino en la Eucaristía cristiana, el kiddush en el judaísmo, el sake en el sintoísmo japonés, todos estos ejemplos demuestran cómo el alcohol sirve como puente entre lo mundano y lo sagrado.

Los estados alterados de conciencia producidos por el alcohol han sido interpretados como experiencias espirituales, facilitando la conexión con lo divino.

La contracara del consumo de alcohol

Sin embargo, después de los avances que alcanzaron los procesos de destilación en la Edad Media, empezamos a consumir un alcohol en una forma tan concentrada que proporciona más daños que beneficios a nuestra salud, agrega el autor.

La destilación, que originalmente se desarrolló con fines medicinales y alquímicos, transformó radicalmente nuestra relación con el alcohol al permitir concentraciones mucho más altas de etanol.

Mientras que la cerveza y el vino rara vez superan el 15% de alcohol por volumen, los destilados pueden alcanzar concentraciones del 40% o más.

Esta potencia aumentada significa que es mucho más fácil consumir cantidades peligrosas de alcohol en poco tiempo, lo que ha llevado a problemas de salud pública que no existían en épocas anteriores.

Por ejemplo, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad, por término medio, cada persona de 15 años o más consume 13,5 gramos de alcohol cada día o incluso más.

Aunque esta cifra varía enormemente entre regiones y culturas, el consumo global de alcohol ha aumentado constantemente en las últimas décadas, particularmente en países en desarrollo.

Según estimaciones, en Estados Unidos el abuso de alcohol cuesta a la economía del país 249.000 millones de dólares cada año (lo que equivale aproximadamente a 1 por ciento de su PIB), y, además, como resultado de este abuso, cada año mueren 88.000 de sus ciudadanos.

Estas cifras incluyen accidentes de tráfico, enfermedades hepáticas, violencia y problemas de salud mental asociados con el consumo excesivo.

A nivel global, la OMS estima que el consumo nocivo de alcohol causa aproximadamente 3 millones de muertes al año, lo que representa el 5.3% de todas las muertes en el mundo. Estas estadísticas contrastan dramáticamente con el papel beneficioso que el alcohol desempeñó en nuestros orígenes evolutivos.

Quizás por eso, desde la antigüedad las sociedades han tratado de permitir a la gente beber, pero siempre se ha tratado de evitar que se bebiera demasiado, cita Andrew Curry a Rod Phillips, autor del libro ‘El alcohol: una Historia‘.

Las leyes, las normas sociales y las restricciones religiosas sobre el consumo de alcohol reflejan esta tensión constante entre sus beneficios sociales y sus peligros potenciales.

El Código de Hammurabi en Babilonia regulaba estrictamente la venta de vino, estableciendo penas severas para los taberneros que diluían sus productos o cobraban precios excesivos.

En la antigua China, los gobernantes a menudo imponían monopolios estatales sobre la producción de alcohol, no solo como fuente de ingresos, sino como mecanismo de control social.

Paradojas sobre los beneficios de su consumo

La relación moderna con el alcohol está llena de paradojas. Por un lado, numerosos estudios epidemiológicos han encontrado que el consumo moderado de alcohol, particularmente vino tinto, puede tener beneficios cardiovasculares.

La llamada «paradoja francesa» observó que los franceses, a pesar de consumir dietas ricas en grasas saturadas, tienen tasas relativamente bajas de enfermedades cardíacas, lo que algunos investigadores atribuyen al consumo regular de vino tinto con las comidas.

Sin embargo, investigaciones más recientes han cuestionado estos hallazgos, sugiriendo que cualquier nivel de consumo de alcohol conlleva riesgos. La Organización Mundial de la Salud ha declarado que no existe un nivel seguro de consumo de alcohol, y que incluso cantidades moderadas aumentan el riesgo de ciertos tipos de cáncer.

Esta contradicción refleja la complejidad de nuestra relación con el alcohol. Lo que fue una adaptación evolutiva beneficiosa en un contexto de escasez se ha convertido en un problema de salud pública en un mundo de abundancia.

Nuestra biología, moldeada por millones de años de evolución para buscar y metabolizar etanol eficientemente, ahora opera en un entorno donde el alcohol está disponible en cantidades ilimitadas y formas altamente concentradas.

Preguntas frecuentes (FAQ)

1. ¿Qué es la teoría del mono borracho?

La teoría del mono borracho, propuesta por Robert Dudley en 2014, sugiere que el consumo de etanol proveniente de frutas fermentadas proporcionó una ventaja evolutiva a nuestros ancestros primates. Según esta teoría, la capacidad de detectar, consumir y metabolizar el alcohol nos ayudó a encontrar alimentos ricos en calorías y facilitó nuestra transición de los árboles al suelo, jugando un papel fundamental en el desarrollo de la civilización humana.

2. ¿Cuándo comenzó la humanidad a consumir alcohol?

La evidencia arqueológica más reciente indica que los humanos producen bebidas alcohólicas desde hace aproximadamente 9.000 a 11.600 años. Los hallazgos en Göbekli Tepe, Turquía, muestran rastros de fermentación de hace 11.600 años, mientras que análisis químicos en Jiahu, China, revelan producción de bebidas alcohólicas desde hace 9.000 años. Estos descubrimientos sugieren que la cerveza podría haber aparecido antes que el pan.

3. ¿Qué es la mutación ADH4 y por qué es importante?

La mutación ADH4 es un cambio genético que ocurrió hace aproximadamente 10 millones de años en nuestros ancestros primates. Esta mutación en el gen que codifica la enzima alcohol deshidrogenasa nos capacitó para metabolizar el etanol 40 veces más rápido que nuestros antepasados. Esta adaptación fue crucial porque permitió a nuestros ancestros consumir frutas fermentadas sin intoxicarse, convirtiendo el alcohol en una fuente adicional de energía y calorías.

4. ¿Qué ventajas proporcionaba el alcohol a nuestros ancestros?

El alcohol proporcionaba múltiples ventajas evolutivas a nuestros ancestros. Las frutas fermentadas eran más fáciles de localizar gracias a su fuerte olor, proporcionaban más calorías que las frutas frescas y tenían propiedades antisépticas naturales. Además, las bebidas fermentadas contenían vitaminas del grupo B esenciales y representaban una fuente más segura de hidratación que el agua en un mundo sin sistemas de saneamiento.

5. ¿Qué es el concepto de Homo imbibens?

El término Homo imbibens, que significa hombre bebedor, fue acuñado por el arqueólogo Patrick McGovern para describir nuestra especie. Según McGovern, el deseo de producir bebidas alcohólicas estimuló a los humanos a dedicarse a la agricultura, invirtiendo la causalidad tradicional. Esta teoría sugiere que no domesticamos plantas principalmente para comer, sino para beber, y que el pan fue una consecuencia secundaria de la producción cervecera.

5. ¿Cómo cambió la destilación nuestra relación con el alcohol?

Los avances en procesos de destilación durante la Edad Media transformaron radicalmente nuestra relación con el alcohol. Mientras que la cerveza y el vino rara vez superan el 15 por ciento de alcohol por volumen, los destilados pueden alcanzar concentraciones del 40 por ciento o más. Esta potencia aumentada hizo mucho más fácil consumir cantidades peligrosas de alcohol, lo que ha llevado a problemas de salud pública que no existían en épocas anteriores cuando el alcohol era menos concentrado.

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Autor Carlos Uhart M.

Fundador y director de The Beer Times™. Certified Beer Server Cicerone©, juez BJCP y sommelier de cerveza. Autor de "Guía Práctica para Catar Cerveza", "Cocina y Coctelería con Cerveza" y otros cuatro libros sobre maridaje y cultura cervecera.

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