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Sí, el alcohol libera dopamina en el núcleo accumbens, la zona del cerebro que valora las recompensas, como muestran estudios de imagen PET hechos en personas. Lo hace de forma indirecta y junto a otros mensajeros químicos, y con el consumo crónico ese sistema responde cada vez menos a otras recompensas.

Esa doble cara explica por qué la primera copa resulta placentera y por qué a algunas personas les cuesta cada vez más detenerse.
¿El alcohol produce dopamina?
El alcohol no fabrica dopamina, porque ese neurotransmisor lo sintetizan las propias neuronas. Lo que hace es aumentar su liberación en el núcleo accumbens, una región del estriado ventral ligada a la motivación y al placer.
Una de las pruebas clásicas vino de experimentos con ratas. En 1988, Di Chiara e Imperato midieron por microdiálisis que el etanol, igual que los opiáceos, la nicotina, la anfetamina y la cocaína, elevaba la dopamina extracelular sobre todo en el accumbens (Di Chiara e Imperato, 1988).
En humanos la confirmación llegó con la tomografía PET y el trazador [11C]raclopride, que compite con la dopamina por los receptores D2 y D3. Boileau y su equipo dieron alcohol con jugo de naranja a seis voluntarios sanos y midieron más dopamina en el estriado ventral que cuando bebieron solo jugo (Boileau et al., 2003).
En ese estudio, la magnitud del cambio se correlacionó con la impulsividad de cada participante y con el aumento de la frecuencia cardíaca, considerado un marcador de los efectos estimulantes del alcohol. El hallazgo se suma a otros trabajos sobre la región del cerebro que se activa con la cerveza.
La tabla resume los estudios con imagen cerebral en personas que se citan en este artículo.
| Estudio | Participantes | Qué midieron | Resultado |
|---|---|---|---|
| Boileau et al., 2003 | 6 adultos sanos | Dopamina tras beber alcohol | Aumento en el estriado ventral y el núcleo accumbens |
| Urban et al., 2010 | 21 bebedores sociales jóvenes | Dopamina tras beber alcohol | Liberación en todo el estriado, mayor en el estriado ventral, con diferencias entre hombres y mujeres |
| Mitchell et al., 2012 | Bebedores intensos y controles | Opioides endógenos tras beber | Liberación en el núcleo accumbens y la corteza orbitofrontal |
| Volkow et al., 1996 | 10 personas con alcoholismo y 17 controles | Receptores D2 de dopamina | Menos receptores disponibles en el grupo con alcoholismo |
| Volkow et al., 2007 | 20 personas con alcoholismo desintoxicadas y 20 controles | Dopamina liberada por metilfenidato | Aumento un 70% menor en el estriado ventral |
¿Cómo llega el alcohol al sistema de recompensa?
El etanol es una molécula pequeña que cruza con facilidad la barrera hematoencefálica, el filtro que separa la sangre del tejido cerebral. Por eso actúa en el cerebro poco después de llegar a la sangre.
A diferencia de la cocaína, que bloquea un objetivo concreto, el transportador de dopamina, el alcohol no tiene una diana única. Actúa sobre varios sistemas a la vez, entre ellos el GABA (ácido gamma aminobutírico), el glutamato, los opioides endógenos y la serotonina, y la dopamina es solo una pieza de ese circuito (Gilpin y Koob, 2008).
Una de las vías propuestas pasa por el GABA, el principal freno químico del cerebro. Al reforzar la señal del GABA sobre las interneuronas que normalmente frenan a las neuronas de dopamina, el alcohol podría silenciarlas y dejar a estas últimas más libres para disparar (Gilpin y Koob, 2008).
Otra vía son los opioides endógenos, como las endorfinas. En 2012, un estudio PET mostró que beber alcohol libera estas moléculas en el núcleo accumbens y en la corteza orbitofrontal (Mitchell et al., 2012).
En los bebedores intensos de ese estudio, la liberación en la corteza orbitofrontal se correlacionó con la sensación de euforia y con el consumo problemático.
¿El alcohol es estimulante o depresor?
Es las dos cosas, según el momento. Mientras sube la alcoholemia predominan la euforia y la desinhibición, y cuando baja aparecen la sedación y el cansancio, lo que se conoce como respuesta bifásica.
King y su equipo dieron a 34 jóvenes una bebida con 0,4 u 0,8 g de etanol por kilo de peso, o un placebo. Los bebedores intensos notaron más los efectos estimulantes, sobre todo mientras subía la alcoholemia, y menos sedación que los bebedores ligeros (King et al., 2002).
Para hacerse una idea de la dosis alta, basta calcularla para una persona de 70 kg y compararla con una lata de 355 ml de cerveza al 5%. El etanol tiene una densidad de 0,789 g/ml.
[math]70 \times 0{,}8 = 56 \ \text{g de etanol}[/math]
[math]355 \times 0{,}05 \times 0{,}789 \approx 14{,}0 \ \text{g por lata}[/math]
[math]\dfrac{56}{14{,}0} \approx 4 \ \text{latas}[/math]
La dosis baja del ensayo equivale a unas dos latas para esa misma persona. La fase sedante es la que muchos confunden con un buen descanso, algo que el alcohol en realidad empeora durante la noche.
¿Qué cambia en el cerebro con el consumo crónico?
Con el consumo repetido, el sistema de recompensa se adapta. Las personas con alcoholismo tienen menos receptores D2 de dopamina disponibles en el estriado, y en el estudio de Volkow de 1996 esa reducción no se relacionó con los días transcurridos desde la última copa (Volkow et al., 1996).
La dopamina liberada también disminuye. En 2007, el mismo grupo dio metilfenidato, un estimulante, a 20 personas con alcoholismo ya desintoxicadas y a 20 controles, y el aumento de dopamina en el estriado ventral fue un 70% menor en el primer grupo (Volkow et al., 2007).
Volkow, Wise y Baler agrupan los papeles de la dopamina en el refuerzo, la motivación y el autocontrol bajo el nombre de sistema motivacional de la dopamina. Con la exposición repetida, las señales asociadas a la bebida ganan fuerza mientras se debilitan la respuesta a otras recompensas y la capacidad de autocontrol (Volkow et al., 2017).
Koob y Le Moal describen la adicción como un ciclo en el que el sistema de recompensa funciona cada vez peor mientras se activan sistemas de estrés que lo contrarrestan (Koob y Le Moal, 2008). En ese estado, beber sirve cada vez más para dejar de sentirse mal.
Los mismos autores señalan que factores genéticos y del desarrollo influyen en quién es más vulnerable a ese ciclo.
Ese déficit de recompensa forma parte del estado de abstinencia que aparece al dejar de beber, junto a la ansiedad y la irritabilidad (Gilpin y Koob, 2008). La misma revisión describe déficits neuronales persistentes en el consumo crónico, algunos de los cuales pueden recuperarse por completo tras periodos largos de abstinencia.
¿La dopamina lo explica todo?
No, y conviene no exagerar su papel. Nutt y sus colegas revisaron 40 años de investigación y concluyeron que hay pruebas sólidas de que los estimulantes elevan la dopamina en el estriado humano, y solo algunas de que el alcohol también lo haga (Nutt et al., 2015).
Los mismos autores señalan que la disponibilidad de receptores y la liberación de dopamina están disminuidas en la dependencia del alcohol. También recuerdan que ver la adicción como un trastorno de la dopamina no ha dado lugar a tratamientos nuevos.
Los fármacos con mejor respaldo actúan sobre otros sistemas. Una revisión de 122 ensayos clínicos encontró que el acamprosato y la naltrexona oral, que bloquea los receptores opioides, reducen la vuelta a la bebida, con 12 y 20 pacientes tratados por cada recaída evitada (Jonas et al., 2014).
Que la naltrexona funcione encaja con el papel de los opioides endógenos descrito antes. Hay además líneas de investigación más recientes, como los psicodélicos para tratar el alcoholismo, que siguen en fase de estudio.
Preguntas frecuentes (FAQ)
1. ¿Cuánto tarda el cerebro en recuperar la dopamina tras dejar el alcohol?
No hay una cifra establecida. La reducción de receptores D2 en personas con alcoholismo no se relacionó con los días transcurridos desde la última copa (Volkow et al., 1996), y personas ya desintoxicadas mostraban, frente a controles, un aumento de dopamina un 70% menor en el estriado ventral tras recibir metilfenidato (Volkow et al., 2007). Algunos de esos déficits pueden recuperarse por completo tras periodos largos de abstinencia (Gilpin y Koob, 2008).
2. ¿El alcohol es estimulante o depresor?
Tiene un efecto bifásico. Mientras sube la alcoholemia predominan la euforia y la desinhibición, y al bajar aparecen la sedación y el cansancio. Los bebedores intensos notan más la parte estimulante y menos la sedante que los bebedores ligeros (King et al., 2002).
3. ¿Por qué el café no quita la borrachera?
La cafeína bloquea los receptores de adenosina que median parte de la somnolencia y la torpeza motora del alcohol, así que la persona se siente más despierta sin que baje su alcoholemia. Una revisión de 2011 propone además que la cafeína puede potenciar el efecto de la dopamina liberada por el alcohol y favorecer que se beba más (Ferré y O’Brien, 2011).
4. ¿Las personas con TDAH tienen más riesgo de alcoholismo?
Sí, según un metaanálisis de estudios que siguieron a niños con y sin TDAH hasta la adolescencia o la edad adulta. Los niños con TDAH no tenían más probabilidad de haber probado el alcohol, pero sí de desarrollar abuso o dependencia (Lee et al., 2011). La idea de que beben para compensar un déficit de dopamina es una hipótesis que esos estudios no ponen a prueba.
5. ¿El alcohol libera la misma dopamina en hombres y mujeres?
No exactamente. Un estudio PET con 21 bebedores sociales jóvenes encontró diferencias significativas por sexo en la liberación de dopamina tras beber, y solo en los hombres esa liberación se relacionó con la sensación de activación (Urban et al., 2010). Los autores lo plantean como una posible pista sobre las diferencias de vulnerabilidad al alcoholismo entre hombres y mujeres.
Referencias
1. Boileau, I., Assaad, J. M., Pihl, R. O., Benkelfat, C., Leyton, M., Diksic, M., Tremblay, R. E., & Dagher, A. (2003). Alcohol promotes dopamine release in the human nucleus accumbens. Synapse, 49, 226-231. https://doi.org/10.1002/syn.10226
2. Di Chiara, G., & Imperato, A. (1988). Drugs abused by humans preferentially increase synaptic dopamine concentrations in the mesolimbic system of freely moving rats. Proceedings of the National Academy of Sciences, 85, 5274-5278. https://doi.org/10.1073/pnas.85.14.5274
3. Ferré, S., & O’Brien, M. C. (2011). Alcohol and caffeine. The perfect storm. Journal of Caffeine Research, 1, 153-162. https://doi.org/10.1089/jcr.2011.0017
4. Gilpin, N. W., & Koob, G. F. (2008). Neurobiology of alcohol dependence. Focus on motivational mechanisms. Alcohol Research & Health, 31, 185-195.
5. Jonas, D. E., Amick, H. R., Feltner, C., Bobashev, G., Thomas, K., Wines, R., et al. (2014). Pharmacotherapy for adults with alcohol use disorders in outpatient settings. A systematic review and meta-analysis. JAMA, 311, 1889-1900. https://doi.org/10.1001/jama.2014.3628
6. King, A. C., Houle, T., de Wit, H., Holdstock, L., & Schuster, A. (2002). Biphasic alcohol response differs in heavy versus light drinkers. Alcoholism, Clinical and Experimental Research, 26, 827-835. https://doi.org/10.1111/j.1530-0277.2002.tb02611.x
7. Koob, G. F., & Le Moal, M. (2008). Addiction and the brain antireward system. Annual Review of Psychology, 59, 29-53. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.59.103006.093548
8. Lee, S. S., Humphreys, K. L., Flory, K., Liu, R., & Glass, K. (2011). Prospective association of childhood attention deficit/hyperactivity disorder (ADHD) and substance use and abuse/dependence. A meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 31, 328-341. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2011.01.006
9. Mitchell, J. M., O’Neil, J. P., Janabi, M., Marks, S. M., Jagust, W. J., & Fields, H. L. (2012). Alcohol consumption induces endogenous opioid release in the human orbitofrontal cortex and nucleus accumbens. Science Translational Medicine, 4, 116ra6. https://doi.org/10.1126/scitranslmed.3002902
10. Nutt, D. J., Lingford-Hughes, A., Erritzoe, D., & Stokes, P. R. (2015). The dopamine theory of addiction. 40 years of highs and lows. Nature Reviews Neuroscience, 16, 305-312. https://doi.org/10.1038/nrn3939
11. Urban, N. B., Kegeles, L. S., Slifstein, M., Xu, X., Martinez, D., Sakr, E., et al. (2010). Sex differences in striatal dopamine release in young adults after oral alcohol challenge. A positron emission tomography imaging study with [11C]raclopride. Biological Psychiatry, 68, 689-696. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2010.06.005
12. Volkow, N. D., Wang, G. J., Fowler, J. S., Logan, J., Hitzemann, R., Ding, Y. S., et al. (1996). Decreases in dopamine receptors but not in dopamine transporters in alcoholics. Alcoholism, Clinical and Experimental Research, 20, 1594-1598. https://doi.org/10.1111/j.1530-0277.1996.tb05936.x
13. Volkow, N. D., Wang, G. J., Telang, F., Fowler, J. S., Logan, J., Jayne, M., et al. (2007). Profound decreases in dopamine release in striatum in detoxified alcoholics. Possible orbitofrontal involvement. Journal of Neuroscience, 27, 12700-12706. https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.3371-07.2007
14. Volkow, N. D., Wise, R. A., & Baler, R. (2017). The dopamine motive system. Implications for drug and food addiction. Nature Reviews Neuroscience, 18, 741-752. https://doi.org/10.1038/nrn.2017.130
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