This post is also available in:
Una de las experiencias más extrañas que puedes tener en una noche de cervezas ocurre en Gante, Bélgica. Entras a un bar de aspecto medieval, pides una pinta y en lugar de extender la mano para pagar, el camarero te pide que te descalces.

No es una broma. Ni un ritual de iniciación. Es la única manera de conseguir una Max van ‘t Huis, la cerveza estrella de Dulle Griet, una taberna donde la confianza se deposita, literalmente, con un zapato.
Dulle Griet es mucho más que un nombre de bar
Antes de que existiera la cervecería, Dulle Griet ya infundía respeto en Flandes. El nombre, que se traduce como «La Griet la Loca» o «Meg la Loca», tiene dos raíces históricas.
La primera es un cañón. Una mole de hierro forjado de 12.500 kilos fundida entre 1430 y 1450 por orden de Felipe el Bueno, duque de Borgoña.
Este bombardero de grueso calibre participó en el asedio de Oudenaarde en 1452, y hoy descansa junto al canal en el centro de Gante.
Los flamencos, con su humor característico, bautizaron a la máquina de guerra como «La Loca», quizás por su tamaño descomunal o por el caos que sembraba a su paso.
La segunda es una pintura. Pieter Brueghel el Viejo inmortalizó a Dulle Griet en una tabla de 1561 que hoy cuelga en el Museo Mayer van den Bergh de Amberes.
La obra muestra a una campesina enfurecida, con delantal azul, asaltando el infierno. Rodeada por monstruos y demonios, la mujer avanza imparable, saqueando todo lo que encuentra. Un comentario visual sobre la avaricia, la locura femenina y el caos de su época.
Siglos después, en el corazón de Gante, un pub adoptó ese nombre. Y añadió su propia leyenda.
El bar del zapato y cómo funciona el ritual
La cervecería Dulle Griet se esconde en la plaza Vrijdagmarkt, número 50. Si te descuidas, pasas de largo. El interior es una cueva de madera oscura, vigas bajas, rincones con muñecas antiguas y cartas de cerveza que parecen un catálogo de la Unesco. Hay más de 500 cervezas en la carta. Incluyendo todas las trapenses.
Pero tú no vas a por una Westvleteren cualquiera. Vas a por la Max.
El ritual funciona así. Pides una Max van ‘t Huis. El camarero asiente y te señala el zapato. Te descalzas un pie, no los dos y entregas el calzado.
Ellos lo meten en una cesta de mimbre que sube con una polea hasta el techo, donde queda colgada, junto a decenas de otros zapatos solitarios. Mientras tomas la cerveza, te quedas con un calcetín pisando el suelo de madera centenario, incapaz de irte sin pagar .
Aquí el detalle que pocos cuentan: no es solo por seguridad. Es un espectáculo. Cada vez que suben un zapato, suena una campanilla.
Todo el bar se gira, los turistas aplauden, los lugareños ni levantan la cabeza. La medida de seguridad económica, evitar que la gente robe las copas, se convirtió en un ritual social.
El sistema nació porque el vaso de la Max es único. Un tubo de vidrio alargado, de casi un metro si incluyes la base de madera, con forma de reloj de arena. Es frágil. Es caro. Y hasta que no devuelves el recipiente vacío, tu zapato sigue colgando del techo.

Max van ‘t Huis es la cerveza que mueve el negocio
Vale la pena preguntarse: ¿la cerveza está a la altura? La cerveza Max es una Blonde belga de factura impecable. No es una Tripel explosiva ni una sour que te retuerza la cara. Es una cerveza de volumen.
De las que bebes despacio, porque el recipiente manda. El formato es un litro o más (1,2 litros, según los locales), y si te la acabas rápido, te has ganado un mareo.
Los belgas la sirven en dos variedades, rubia y tostada. La rubia tiene ese perfil clásico de levadura belga, un toque especiado, nada de lúpulo exagerado y final seco.
El vaso, llamado «Kwak glass» por su inventor Pauwel Kwak, tiene una historia paralela fascinante. Cuenta la leyenda que en el siglo XVIII, los cocheros no podían bajar de sus carruajes para entrar a beber.
Así que Kwak diseñó un vaso abombado con un soporte de madera que encajaba en el carruaje, permitiendo beber sin derramar ni soltar las riendas . Hoy ese mismo soporte sostiene tu jarra gigante mientras charlas con los amigos.
En sabor, la Max cumple. Pero no te engañes: nadie recuerda el gusto. Recuerdan el peso de la copa, el equilibrio para no volcarla y la sensación de poder levantarse del taburete con un pie descalzo.
¿Por qué funciona la estrategia de la fianza?
Los belgas entienden algo que los dueños de bares de todo el mundo no terminan de asimilar, la experiencia es más importante que la eficiencia.
En cualquier otro país, si las copas se rompen o desaparecen, subes los precios o cambias el vaso por uno de plástico. En Gante, inventaron un ritual.
La fianza del zapato cumple tres funciones que la convierten en una jugada maestra:
Según cuentan los trabajadores, la gente se llevaba el vaso de la Max a casa. Es grande, es vistoso, tiene ese soporte de madera que queda bonito en la estantería. Después de la décima copa desaparecida, alguien propuso lo del zapato. Y funcionó.
Si das 10 euros de fianza, quizás los olvidas. ¿Pero tu zapato? No sales a la calle con un pie descalzo. La vergüenza social, volver al bar cojeando a pedir tu bota, es un incentivo mucho más potente que cualquier multa económica.
Todos los que pasan por Dulle Griet lo cuentan. Tiktokers acumulan millones de visitas mostrando el ritual. Y antes de TikTok, los viajeros lo contaban en blogs y guías de mochileros. Cada persona que sale del bar con un calcetín manchado de cerveza es un altavoz ambulante.
Las tradiciones más locas de las cervecerías europea
Lo curioso es que Dulle Griet no está sola. Europa tiene una tradición secreta de rituales absurdos en torno a la cerveza. En Baviera, algunas tabernas esconden tus gafas hasta que terminas la jarra.
En Praga, hay pubs donde las camareras cortan tu corbata si te la pones (sí, literalmente). Pero el sistema belga tiene un pedigrí especial.
Bélgica es el país de las cervezas con copa propia. Cada estilo, cada marca, tiene su vaso. Y los belgas son obsesivos con las formas. La Kwak tiene su soporte.
La Duvel tiene su tulipa ancha. La Westmalle, su copa estrellada. El sistema de fianza con zapatos no deja de ser una extensión lógica de esa obsesión: si la copa es sagrada, la pagas con algo que también lo es. Tu calzado.
La estatua de Jacob van Artevelde
La plaza Vrijdagmarkt tiene un personaje propio. Una estatua de bronce mira a Dulle Griet desde el centro. Es Jacob van Artevelde, un líder político medieval al que los flamencos llaman «el Sabio». Los turistas se lo encuentran sin buscarlo. Los lugareños organizan mercados los viernes a sus pies.
A pocos metros, el cañón original Dulle Griet descansa sobre soportes de piedra azul. Está en una calle comercial. La gente se hace selfies apoyada en la boca del cañón, sin saber que esa mole lleva casi seis siglos mirando Gante. Ver el cañón, beber la Max y entregar el zapato forma un triángulo geográfico perfecto de locura flamenca.

Cómo visitar Dulle Grieg sin hacer el ridículo
Vas a cometer errores. Todos los cometen. Pero con estas claves saldrás del bar con los dos zapatos puestos. La dirección exacta es Vrijdagmarkt 50, 9000 Gent.
Busca la estatua de Van Artevelde. El bar está a su espalda. Si llegas a la plaza y ves un McDonald’s, has ido demasiado lejos.
Evita los sábados a las 21:00. La cola llega a la esquina. Ve entre semana, a partir de las 17:00. Encontrarás sitio en la barra y podrás ver el espectáculo de las campanillas.
La Max van ‘t Huis ronda los 14-18 euros por vaso. No es una cerveza barata. Pero son 1,2 litros y el souvenir de la historia lo pagas aparte.
Los zapatos recomendados: No lleves botas de cordones complicados. Los camareros tienen prisa y suben los zapatos a la canasta sin contemplaciones. Las Crocs son un suicidio social. Las deportivas que puedas poner y quitar con una mano son ideales.
Puedes pedir una Max para dos. El sistema de fianza sigue siendo un zapato por vaso. Así que si cuatro personas piden dos Max, dos se quedan descalzas.
Si rompes la copa, la multa es de 90 euros. Ahí el zapato no te salva. Así que sujeta la base de madera con las dos manos y no hagas el gilipollas.
Los periodistas de viajes llevan años rindiéndose a este lugar. The Guardian incluyó Dulle Griet en su lista de los mejores bares del mundo, codeándose con speakeasies de Nueva York y playas mexicanas con cocteleras.
El veredicto del periódico británico no fue por la carta de 500 cervezas. Fue por la atmósfera. Ese equilibrio que solo consiguen los bares con siglos de vida y un dueño que decidió un día: «Vale, pues cuelga los zapatos del techo».
El experto cervecero Peter Sargent, que visitó el local en julio de 2025, describe una escena que captura la magia:
El camarero tenía una memoria de acero para saber de quién era cada zapato.
Y esa es la clave. En la era de los códigos QR y las pulseras RFID para pagar consumiciones, Dulle Griet usa la confianza y el humor. Funciona porque es humana.
Otras 500 razones para quedarse
Aunque la Max sea la reina del baile, Dulle Griet guarda un as bajo la manga. La carta incluye joyas imposibles de encontrar fuera de Flandes.
Tienen Westvleteren XII (la más buscada del mundo), Rochefort 10 y todas las Westmalle. Pero también cervezas de abadía licenciadas que no cruzan las fronteras belgas.
La tradición ácida de Bélgica está bien representada. La Cantillon Gueuze (de Bruselas) aparece algunos días. Pero hay marcas locales flamencas que riman con fruta y bosque.
No vayas con hambre. Tienen tablas de queso flamenco, salchichas y el plato local llamado «uuflakke» —una especie de queso de cabeza que asusta a los turistas, pero que los belgas devoran con mostaza Tierenteyn.
Preguntas frecuentes (FAQ)
1. ¿Qué pasa si llevo sandalias o no tengo calcetines al pedir la Max?
No hay restricciones de calzado para participar en el ritual; el camarero aceptará cualquier tipo de zapato, ya sea una bota, una sandalia o un tacón. Debes tener en cuenta que el suelo de la taberna es de madera antigua y podrías estar un buen rato con el pie directamente sobre él, por lo que muchos visitantes optan por llevar calcetines por pura comodidad e higiene.
2. ¿Es obligatorio descalzarse para entrar a la cervecería Dulle Griet?
No, el ritual del zapato es exclusivo para quienes solicitan la cerveza de la casa, la Max van ‘t Huis, servida en el vaso de 1,2 litros. Si pides cualquier otra de las más de 500 referencias de su carta (como una Westvleteren o una Orval), puedes permanecer calzado durante toda tu estancia sin ningún problema.
3. ¿Puedo comprar el vaso oficial de la Max como recuerdo en el bar?
Debido a su alta tasa de rotura y su valor artesanal, la taberna no suele vender los vasos de 1,2 metros con soporte de madera al público general. Sin embargo, en tiendas especializadas de cerveza en el centro de Gante, cerca del puente de San Miguel, es posible encontrar réplicas del vaso tipo «Kwak» de gran formato para coleccionistas.
4. ¿Aceptan grupos grandes para realizar el ritual del zapato?
Dulle Griet es un local con espacio limitado y techos bajos, por lo que grupos de más de 6-8 personas pueden tener dificultades para sentarse juntos, especialmente en fin de semana. Si el grupo es grande y todos piden la Max, la cesta del techo se llena rápidamente, creando un espectáculo visual impresionante, pero se recomienda llegar antes de las 18:00 para asegurar espacio.
5. ¿Existen otras tabernas en Gante con tradiciones similares?
Aunque Dulle Griet es la única que utiliza la «fianza del zapato», Gante es famosa por sus tradiciones gremiales. Muy cerca, en el Waterhuis aan de Bierkant, la tradición dicta probar cervezas locales vinculadas al nombre de los canales, y en la cercana Het Galgenhuis (el pub más pequeño de la ciudad), el ritual es simplemente lograr entrar y encontrar un hueco en lo que antiguamente fue una carnicería medieval.
Recomendamos
- La importancia de la espuma en la cerveza: Todo lo que necesitas saber
- 9 consejos de negocios para cerveceros artesanales que están recién comenzando
- La copa de Pitágoras: el vaso con trampa de la antigua Grecia

