El uso de las levaduras Saccharomyces en el estudio del cáncer

Una de cada tres personas tendrá cáncer a lo largo de su vida. El progresivo envejecimiento de la población, una inadecuada alimentación y la reducida actividad física o la exposición a tóxicos ambientales, como el tabaco, explican la incidencia de este conjunto de enfermedades, según los expertos.
 
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El uso de las levaduras Saccharomyces en el estudio del cáncer

La investigación continúa con el fin de mejorar el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de los tumores malignos y una de las herramientas utilizadas por la ciencia es la levadura de cerveza, un tipo de hongo caracterizado por contar con una única célula.

Así, microorganismos como Saccharomyces cerevisiae son clave en la fabricación de alimentos y bebidas como el pan o la cerveza. Su uso en investigación ayuda a determinar cómo es posible que las células puedan comenzar a crecer y dividirse descontroladamente hasta dar lugar a un cáncer.
 

El descontrol de la división celular

“El cáncer no es una enfermedad, sino más bien un conjunto de enfermedades que también son diferentes en función de cada persona”, explica la Dra. Marisa Alonso, farmacéutica comunitaria y anteriormente científica en el Paterson Institute for Cancer Research de Manchester (Reino Unido).

La investigadora trabajó con levaduras para saber cómo las células benignas se transforman en malignas. “Hay una cosa común en todos los tipos de cáncer: las células comienzan a dividirse de forma descontrolada sin que entendamos muy bien por qué”, sostiene.

Nuestro organismo cuenta con mecanismos similares a los frenos y aceleradores de un automóvil. Sin embargo, al igual que lo que sucedería en cualquier coche, si estos dispositivos fallan, es muy probable que suframos un accidente de tráfico.

Algo así ocurre en la aparición de las células cancerosas. “Cuando se dividen, las células deben hacer copias exactas de su ADN y pueden cometer errores, a los que llamamos mutaciones”, señala Alonso. “También hay ‘policías’ que vigilan que este proceso transcurra con normalidad, pero si algo se les pasa, pueden darse cambios en el ADN”, añade.

Otras mutaciones en el material genético pueden aparecer debido a la exposición de sustancias cancerígenas como el tabaco: “nuestro cuerpo es una máquina bien engrasada en la que las células saben cuándo dividirse y, si comienzan a hacerlo sin control, existen una serie de ‘policías’ para arreglar la situación y ordenar a las células descontroladas que se mueran”. “A veces los ‘policías’ no funcionan o las células malignas encuentran la forma de engañarles”.
 

Levaduras en el estudio del cáncer

Alonso, que trabajó con estos microorganismos durante una década, explicó que son una herramienta fácil, rápida y económica para realizar experimentos.

Además de la conocida Saccharomyces cerevisiae, muy famosa por sus aplicaciones en biotecnología, los científicos suelen utilizar otro organismo vivo denominado Schizosaccharomyces pombe. Al contrario que su “prima”, este segundo tipo de levadura no sirve en fermentación pues da lugar a una cerveza “asquerosamente mala”, según Alonso.

Estos organismos invisibles fueron clave para determinar la “proteína jefe” que le dice a las células cuándo deben dividirse. Una levadura, invisible para el ojo, puede ayudar a conocer más acerca de las células humanas.

Esto es posible dado que ambos tipos de células son complejas (eucariotas) y cuentan con mecanismos muy conservados a lo largo de la evolución. Alonso explica el famoso experimento que Tim Hunt y Paul Nurse realizaron en Schizosaccharomyces pombe para demostrar cuál es la “proteína jefe” que ordena la división celular.

“Si en una ciudad pequeña hay un problema en el tendido eléctrico, será más fácil identificar la causa que en una capital más grande”, dijo la farmacéutica. Algo así sucede entre las células de levadura y las del ser humano: es más sencillo conocer qué sucede en una única célula que en un organismo tan complejo como el nuestro.

Los trabajos de Hunt y Nurse permitieron hallar la proteína (CDK) encargada de decirles a las células que deben dividirse. Si hay algún problema en esta molécula, es posible que dicho proceso se descontrole y acabe produciendo un cáncer.

Los resultados fueron de tal envergadura que los dos investigadores recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2001.

“Las levaduras, aunque son muy pequeñas, nos ayudan a discriminar en primera línea si una terapia podría ser o no eficaz o ver cómo funcionan determinados mecanismos biológicos de la célula”.

Algo tan sencillo como los organismos responsables de “fabricar” el pan y la cerveza pueden ser útiles para desvelar los secretos que aún esconde el cáncer.

 

 

hipertextual.com

 

 

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